El futuro de la publicidad

Un mundo sin publicidad

Imaginemos que no existe la publicidad. No existen los banners de la web, no existen los Adwords de Google o sistemas similares. Nada de flash publicitarios. Vamos más allá aun, no existen los anuncios en televisión, tampoco en prensa, ni siquiera en la radio. Menos aun técnicas encubiertas como el “product placement” de las series de televisión, cine u otros programas. ¿Qué nos queda? ¿Las vallas publicitarias? ¿Los carteles? Nos los cargamos también. Y ahora que no existe ninguna forma de publicitar un producto, ¿cómo decidirías entre dos opciones mas o menos similares? ¿Cómo descubrirías nuevas cosas que que te pudiesen interesar?

La publicidad es necesaria, más aun, la queremos. Los usuarios la quieren. Queremos descubrir nuevos productos o servicios, probar nuevas cosas, encontrar lo que se ajuste mejor a nuestras necesidades. La diferencia, es que queremos ejercer el control sobre ella, sobre la que nos llega. No queremos publicidad que nos nos interese, que no se ajuste a nuestros perfiles, a nuestra situación actual y previsiblemente futura. Queremos información útil para discernir entre varias alternativas, ajustada a nuestras necesidades en el instante preciso que estas emergen. En ese preciso momento, es cuando la publicidad se convierte en información, deja de ser publicidad para ser información útil o, como dice Jorge Villabona aporta valor.

Publicidad personalizada

Se han dado los primero pasos en torno a la personalización de la publicidad principalmente en Internet, sirvan como ejemplos Google Adwords y todos sus competidores, así como la integración en otros canales como los vídeos de Youtube o la televisión digital. Se está avanzando en las redes sociales o de blogs para la prescripción de servicios; vídeos virales, aplicaciones en Facebook o el ya denostado por los usuarios Facebook Beacon. Al fin y al cabo la redes sociales tienes dos virtudes que les hacen especialmente idóneas para la difusión de publicidad/información útil:

  1. Segmentación especializada de los usuarios por medio de su actividad, lo que permite personalizar el mensaje
  2. Uso de la propia red social como canal, valiéndose de la confianza para la difusión del mensaje

Las posibilidades de Internet y en combinación con otros canales como la televisión, la radio o los videojuegos son infinitas, pero lo que está claro es que hay que ofrecer lo que quieren los usuarios en el momento en que lo quieren o pueden querer, poco vale bombardearle con cosas que no son de su interés, incluso puede resultar negativo para la marca que se desea publicitar. Hay que cambiar el chip.

El futuro: agentes personales

Esta es sólo una de las posibles líneas, pero sin duda lo mejor está por venir. En esta línea Agentes Personales o intermediarios software conectarán con plataformas gestoras de identidades como OpenId u OpenSocial o Facebook, donde los usuarios controlarán sus identidades virtuales, con la información relativa a su persona, desde los datos personales, características físicas, gustos, intereses, etc. Por otro lado las agencias de publicidad ofrecerán sus productos y, según sus características los Agentes decidirán si se lo notifican al usuario y cómo y cuando se lo notifican. De alguna forma conectarán oferta y demanda, el sueño de toda agencia de publicidad, cada impacto representará una unidad muy útil de información para el usuario, tanto, que es muy posible que acabe adquiriendo el producto.

Suena a ciencia ficción, pero tecnológicamente no estamos tan lejos. Mientras tanto, muerte a los banners.

Warner Music: nos equivocamos

Al hilo de lo de ayer, esto es lo que acaba de decir Edgar Bronfman, CEO y presidente de Warner Music Group:

“We used to fool ourselves…We used to think our content was perfect just exactly as it was. We expected our business would remain blissfully unaffected even as the world of interactivity, constant connection and file sharing was exploding. And of course we were wrong. How were we wrong? By standing still or moving at a glacial pace, we inadvertently went to war with consumers by denying them what they wanted and could otherwise find and as a result of course, consumers won.”

O traducido libremente:

“Nos autoengañábamos… Pensábamos que nuestros contenidos eran perfectos tal y como eran. Esperábamos que nuestro negocio permaneciese felizmente sin verse afectado, incluso cuando en el mundo la interactividad, la conexión permanente y el intercambio de archivos explotaba. Y por supuesto estábamos equivocados. ¿Por qué nos equivocábamos? Aguantando o moviéndonos a un ritmo glacial, sin querer, hicimos la guerra con los consumidores, denegándoles lo que querían y, como no podía ser de otra manera, los consumidores ganaron.”

No hace falta decir más ¿Están a tiempo? Igual hay esperanza para alguna de ellas.

Discográficas: aquí huele a muerto

Hasta ahora eran los “pequeños” los que ofrecían sus canciones en Internet, casi siempre de manera gratuita en sitios como MySpace, Spiral Frog o Amie Street. Si nadie te conoce no tienes alternativa, renuncias parte de los derechos de explotación de tu obra para poder llegar a, virtualmente, todo el mundo. Después, una vez tu fama te haga rico, puedes tener la jeta de vender tu obra y criminalizar a todo el que se la copie, o bien vivir de los conciertos, ediciones especiales, o lo que esté dispuesto a pagar la gente por descargársela.

Algunos de los que se han hecho grandes ya están en esta línea, pero desde hace unas semanas se les han incorporado los verdaderos dinosaurios de la música; Radiohead permite a los usuarios elegir el precio que van a pagar por su último disco, sorprendentemente la media está alrededor de 10$, mientras que vende una edición especial del mismo, con DVD y camiseta a 70$; Madonna pasa de su discográfica habitual y ha contratado directamente a una promotora por tres años; mientras que allá por julio Prince regalaba su último disco a los asistentes a sus conciertos antes de que éste saliese a la venta. Hoy mismo, los Eagles lanzan en exclusiva en Wal-Mart haciendo caso omiso de discográficas, demostrando de paso que conocen a su público.

Los artistas comienzan a darse cuenta de que la producción de discos y demás soportes físicos es cada vez menos relevante, de ahí que estén abandonando las discográficas, tomando el control de su obra y ampliando sus márgenes hasta la casi totalidad del precio final al distribuir ellos mismos su obra. Mientras, las discográficas tiemblan ante lo que se les avecina; ya van a la zaga de empresas Internet que conocen bien el medio como para estar exigiendo DRMs y demás tontunas. Ya lo dijo Alaska, está no es su crisis.

Por su parte la difusión digital de la obra se convierte en el primer vehículo de consumo. Intentar cobrar por una copia que al artista le resulta gratuita será prácticamente imposible y además es inmoral. Donde tienen que hacer esfuerzos los artistas es en la promoción y difusión de su obra e Internet es la mejor herramienta para ello, y adquirir así relevancia para vivir de promociones, conciertos, patrocinios, ediciones para coleccionistas, merchandasing… Los casos anteriores son claros ejemplos. Los que no quieren darse cuenta, los que ven amenazados sus ingresos por copias, seguirán tildando de piratas y enviando a la cárcel a los usuarios, sus consumidores; el resto se adaptará al cambio y lo aprovechará en su favor.

El copyright es inmoral

Como autor, me parecería inmoral beneficiarme por no realizar ningún trabajo, el de copia entiéndase, mientras que si que exigiría mi beneficio por la obra realizada, sea económico, moral o de satisfacción del propio ego. El copyright no tiene sentido cuando el coste de la copia es nulo, tal y como sucede con la información, imágenes, vídeo o música. Aunque pueda aproximarse a cero, el coste de un CD como soporte es pequeño y hay que pagarlo con cada copia; no olvidemos que Internet no deja de ser un soporte por el que pagamos religiosamente todos los meses. Pero se trata de remunerar de alguna forma el coste de creación, el tiempo empleado y lo que convengo que merezco.

¿Dónde está el valor?

El trabajo es lo que tiene valor, se paga por los conciertos, por las actuaciones u otros eventos, por una carrera de motociclismo (no por cada vez que la veas), un disco, un libro, una película; de la misma manera que la tienen otros tangibles como zapatos, tomates, sillas, etc. Es decir, es la creación la que tiene valor en sí misma y por la que se debe compensar al autor. Con los objetos tangibles, cada uno de ellos supone un coste de producción, por lo que es fácil trasladarles los costes de creación. Sin embargo, cuando no existen costes de producción ¿qué sentido tiene remunerar la copia? ¿Que algunos se enriquezcan por no hacer nada?

El derecho de copia

Pretender impedir el derecho de copia, aparte de perder el tiempo, no es más que ponerle barreras a la difusión de la obra creada en aras de la obtención de un beneficio por trabajo no realizado, lo que no es precisamente defender la cultura, que en su definición según la RAE dice:

3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

En una sociedad p2p, plagada de prosumers, donde todos somos productores y consumidores de información, el trabajo de creación debe ser retribuido por la labor de creación misma, y nunca por la difusión de la obra. Nunca mercantilizando la cultura. Nunca protegiendo a las industrias frente a la creatividad.

Ejemplos

Y por supuesto que existe algún movimiento en este sentido:

  • Modelos de suscripción planos a un servicio en los que se pagaría una cuota fija al mes, justificable por los beneficios que aporta una plataforma de calidad con facilidad de búsqueda, sencillez, etc.
  • Ofrecer canciones gratuitamente obteniendo ingresos por publicidad como Spiral Frog.
  • El lanzamiento del nuevo disco de Prince, donde se le paga al creador a cambio de poder regalar sus discos, se obtienen así beneficios indirectos como vender más periódicos o que se asocie tu marca a ese artista; con sus detractores hablando claro.
  • MySpace se ha convertido en el escaparate de muchas bandas que no tendrían otra forma de promoción y que después han firmado un contrato con una discográfica como es el caso de Artic Mokeys o The Horrors. Al menos siguen ofreciendo canciones gratuitamente.
  • Ofrecer algo más que información como han hecho White Stripes con una edición especial en Pen Drive de su último disco, en el que el soporte merezca la pena.

A tener en cuenta

Una pista de lo que opinan los usuarios de parte de dnx en su último informe dnx Trends:
Desafíos para en copyright: música y cine en la era digital (pdf, 1.7 MB). Hasta algún artista lo tiene claro.

Ya se puede opinar en Google Maps

Tal y como anuncia Dirson ya es posible opinar sobre los negocios que aparecen en Google Maps. Se ha añadido la pestaña Review (Críticas) en la que cualquier usuario con una cuenta de GMail puede opinar. De momento se puede dejar una reseña y valorar con hasta cinco estrellas.

Reseña de dnx en Google Maps

Un ejemplo: mi reseña de dnx en Google Maps.

Qué bien le ha venido a Google la base de datos de Páginas Amarillas y ahora, encima, la van a tener mejor y más grande. Esperemos que sitios como 11870.com aguanten, mientras tanto consiguen colocar muy bien sus resultados dentro del mismo Google, por ejemplo buscando dnx en Madrid. Esto huele a Panoramio, o eso quisieran algunos…