Discográficas: aquí huele a muerto
Hasta ahora eran los “pequeños” los que ofrecían sus canciones en Internet, casi siempre de manera gratuita en sitios como MySpace, Spiral Frog o Amie Street. Si nadie te conoce no tienes alternativa, renuncias parte de los derechos de explotación de tu obra para poder llegar a, virtualmente, todo el mundo. Después, una vez tu fama te haga rico, puedes tener la jeta de vender tu obra y criminalizar a todo el que se la copie, o bien vivir de los conciertos, ediciones especiales, o lo que esté dispuesto a pagar la gente por descargársela.
Algunos de los que se han hecho grandes ya están en esta línea, pero desde hace unas semanas se les han incorporado los verdaderos dinosaurios de la música; Radiohead permite a los usuarios elegir el precio que van a pagar por su último disco, sorprendentemente la media está alrededor de 10$, mientras que vende una edición especial del mismo, con DVD y camiseta a 70$; Madonna pasa de su discográfica habitual y ha contratado directamente a una promotora por tres años; mientras que allá por julio Prince regalaba su último disco a los asistentes a sus conciertos antes de que éste saliese a la venta. Hoy mismo, los Eagles lanzan en exclusiva en Wal-Mart haciendo caso omiso de discográficas, demostrando de paso que conocen a su público.
Los artistas comienzan a darse cuenta de que la producción de discos y demás soportes físicos es cada vez menos relevante, de ahí que estén abandonando las discográficas, tomando el control de su obra y ampliando sus márgenes hasta la casi totalidad del precio final al distribuir ellos mismos su obra. Mientras, las discográficas tiemblan ante lo que se les avecina; ya van a la zaga de empresas Internet que conocen bien el medio como para estar exigiendo DRMs y demás tontunas. Ya lo dijo Alaska, está no es su crisis.
Por su parte la difusión digital de la obra se convierte en el primer vehículo de consumo. Intentar cobrar por una copia que al artista le resulta gratuita será prácticamente imposible y además es inmoral. Donde tienen que hacer esfuerzos los artistas es en la promoción y difusión de su obra e Internet es la mejor herramienta para ello, y adquirir así relevancia para vivir de promociones, conciertos, patrocinios, ediciones para coleccionistas, merchandasing… Los casos anteriores son claros ejemplos. Los que no quieren darse cuenta, los que ven amenazados sus ingresos por copias, seguirán tildando de piratas y enviando a la cárcel a los usuarios, sus consumidores; el resto se adaptará al cambio y lo aprovechará en su favor.


